Viajes fantásticos

Aventuras y desventuras de la memoria, la razón o la mentira.

Monday, September 04, 2006

Otra vez

La naturaleza madura como una enfermedad, una podredumbre ineludible.
Te das cuenta con la sincronía fuera de control de un amor fatal, e intuís la dimensión de la tragedia al verte mirándote con ojos de huracán loco. Con una violencia hipnótica de velocidades mortales. Con el timbre de voz poseído y un hervor en las sienes. Con el desgarro de la carne y la razón, y el llanto de todo lo que se pierde. Con la alfombra sanguínea del tiempo extendiéndose milimetricamente hacia lo trágico. Ya sin aire, ni razón. Ni sensación. Ni ser.

Sunday, July 02, 2006

Mudanza


Mudar
Del lat. mutare.
1. tr. Dar o tomar otro ser o naturaleza, otro estado, figura, lugar, etc. Ú. t. c. intr.


La iluminación pública impregna a la niebla de un brillo catódico que apenas alcanza para adivinar los contornos de las casas de la próxima esquina. No es muy tarde. Apenas las ocho de la noche, del primero de julio. Camino bien abrigado rumbo a ver “Hermanos” una película danesa que dan en Cinemateca. Por supuesto las calles están desoladas, y de tanto en tanto, pasa un vehículo o muy lento o muy rápido, o en el mejor de los casos irrumpe de entre la niebla un vetusto ómnibus inglés de la línea 188, arrastrándose apenas más rápido que yo. Doy vuelta en una esquina. Calle Nicaragua en bajada, con arboleda extensa y alta, extrañamente tupida para ésta época del año. La calle es un poco más oscura. A mitad de cuadra la escena. Un viejo camión Ford verde oscuro está siendo cargado por un viejo de overol y un muchacho de remera. Una señora mira inmóvil y en silencio. En la vereda húmeda hay un montón de cajas y paquetes, muebles y valijas. El muchacho baja del camión y levanta una inmensa canasta llena de muñecas y juguetes. Detrás de la canasta, con un vestido oscuro largo hasta los tobillos y un par de trenzas rematadas con cintitas rojas, una niña de no más de seis años, sigue con la mirada los movimientos del muchacho que intenta ubicar la canasta entre los bártulos en el camión. Todos en silencio. A medida que me acerco, siento que la niebla está cada vez más fría. Más de cerca, descubro unas lágrimas en los ojos de la niña, y de la señora también. Nadie habla. El viejo se limita a acomodar las cosas que el muchacho le acerca. Yo paso mirando descaradamente a todos y nadie nota mi presencia. Sigo caminando volviéndome cada dos pasos para ver como de a poco desaparecen devorados por la niebla.

Saturday, July 01, 2006

Cable de la agencia EFE


BURGOS.- El Cordobés cortó la única oreja de la tarde en Burgos, en una corrida en la que prácticamente no contaron los toros, sin raza y en el límite de la invalidez.

Ganadería: Cuatro toros de "El Torreón", aceptablemente presentados, blandos, mansos y de poco juego. Segundo y cuarto fueron sobreros de José Luis Pereda, que "medio sirvieron".

Jesulín de Ubrique: estocada (ovación tras petición de oreja); y media estocada muy baja, pinchazo y estocada desprendida (silencio tras dos avisos).

El Cordobés: estocada rinconera (una oreja); y buena estocada (silencio).

El Cid: dos pinchazos, otro hondo y descabello (silencio); y pinchazo y estocada (palmas en la despedida).

Incidencias: La plaza se llenó en tarde de sol y viento a ráfagas.


Tuesday, June 27, 2006

Forgetfulness



US Poet Laureate Billy Collins reads his poem 'Forgetfulness' with animation by Julian Grey of Headgear.

The name of the author is the first to go
followed obediently by the title, the plot,
the heartbreaking conclusion, the entire novel
which suddenly becomes one you have never read,
never even heard of,

as if, one by one, the memories you used to harbor
decided to retire to the southern hemisphere of the brain,
to a little fishing village where there are no phones.

Long ago you kissed the names of the nine Muses goodbye
and watched the quadratic equation pack its bag,
and even now as you memorize the order of the planets,

something else is slipping away, a state flower perhaps,
the address of an uncle, the capital of Paraguay.

Whatever it is you are struggling to remember,
it is not poised on the tip of your tongue,
not even lurking in some obscure corner of your spleen.

It has floated away down a dark mythological river
whose name begins with an L as far as you can recall,
well on your own way to oblivion where you will join those
who have even forgotten how to swim and how to ride a bicycle.

No wonder you rise in the middle of the night
to look up the date of a famous battle in a book on war.
No wonder the moon in the window seems to have drifted
out of a love poem that you used to know by heart.

Sunday, June 25, 2006

Clase 70


Una luz lechosa nos iluminaba a los noventa y dos que estábamos dentro de ese estómago fantástico de una ballena voladora de metal. El terror generalizado se disimulaba disolviéndose en la supuesta aventura en la que estábamos involucrados. A mi lado, con los ojos grandes bien abiertos y presos de un pánico silencioso, más de uno disimulaba el llanto que se les escapaba y se perdía entre los ruidos propios de la bestia. La angustia de lo nuevo, lo desvalido que uno se siente a esa edad, lo violento del método. Estábamos formando una cadena humana, tomados por el codo, sacudiéndonos rítmicamente, presos de unas involuntarias convulsiones. Íbamos sin saber a dónde. No sabíamos cuanto más estaríamos ahí dentro. No sabíamos nada. Yo masticaba suavemente unos chicles de menta que me ayudaban a mantener los oídos destapados.

La luz entraba por dos pequeños ojos de buey.

El Hércules C-130 voló sin escalas lentamente cruzando más territorio que el imaginado. Al asomarme por la minúscula ventanita incrustada en la puerta lateral, creí adivinar que íbamos al norte. Pero luego de tantas horas de vuelo, seguramente ya estaríamos en Bolivia. Por lo que definitivamente estábamos yendo hacia el sur, hacia una conscripción en los confines de la Argentina.

Al oscurecer, casi abatido por el cansancio, la falta de referencias y la altura, me atacó el terror. Volví a mirar el interior el avión con un pánico que mis compañeros de desgracia no entendían. Ellos ya se habían calmado y bromeaban relajadamente sobre nuestro misterioso destino. Sin embargo mi corazón no paraba de acelerar. Mis manos sudaban y una rigidez se instaló en mi pecho. Me faltaba el aire y una angustia enraizada casi en el olvido se precipitó como un rayo.

Por un momento tuve la certeza de estar viajando en uno de los Hércules de los vuelos de la muerte.

Monday, June 19, 2006

Abducción


Abductor.

Como he decidido no llenar de recortes multimedia este santuario del anecdotario escrito, he fundado un espacio dedicado exclusivamente a cuestiones multimediaticas (pelis, fotos raras, musicas, etc..) la dirección es:
abductor.blogspot.com


Cuidense del Geronto-Gen que llevan dentro....!

Monday, June 05, 2006

Tristeza não ten fim

Yo disfruto horrores

A felicidade é como a pluma
Que o vento vai levando pelo ar
Voa tão leve
Mas tem a vida breve
Precisa que haja vento sem parar